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“Una lloradita y a seguir”: el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo

“¿Pero eso no le ha pasado a todo el mundo alguna vez en el trabajo?”. Esa fue una de las respuestas que recibí al preguntar por la expresión “lloradita y a seguir”. Tras la proliferación de memes, stickers y vídeos que repiten este mantra, aparecen historias personales que hablan de situaciones límite en ambientes laborales, de exigencias académicas o cuando se practica un deporte. La realidad es que algo impacta de forma grave en la persona cuando esta no tiene ni el tiempo ni el espacio para digerir ciertas emociones. Hemos perdido el miedo a llorar y a decir que lloramos, pero le seguimos quitando importancia. La liberación momentánea de las lágrimas no combate la presión externa que imposibilita la correcta y necesaria canalización emocional. Y los ritmos obligados tampoco ayudan.

Rocío tiene 28 años y hace dos trabajaba como dependienta en una firma francesa de moda en Madrid. “Un día mi jefe me dijo delante de unos clientes que si no había pensado en operarme algunas partes de mi cuerpo, y me las empezó a señalar. No supe cómo contestar”, recuerda esta maestra de pedagogía terapéutica. En cuanto pudo, se fue al baño. “Me sentía mal, culpable, y ahí sí: lloradita y a seguir”, cuenta.

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