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Agustín de Betancourt: curiosidad sin fin tras el padre de la ingeniería de caminos española

De Tenerife a Madrid y de Madrid a la historia de la ingeniería. Ese podría ser un mínimo resumen de la vida, que siempre acompañó con una gran obra, de Agustín de Betancourt y Molina. Después de que hace dos años se cumpliera el segundo centenario de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Madrid y el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos han inaugurado un monumento en la capital en su recuerdo. La estatua de bronce homenajea así a una figura clave en el desarrollo de la ingeniería moderna.

Rufino García, presidente de la Fundación Cultural Canaria de Ingeniería y Arquitectura Betancourt y Molina, recalca que el ahora homenajeado nació en un entorno noble. "Procede de una familia en la que destaca una profunda curiosidad, como subraya la historiografía. Hablamos de un hombre terriblemente curioso que siempre acompañó su trabajo de esfuerzo", introduce el especialista.

Estatua en Madrid en homenaje a Agustín de Betancourt.- Colegio de Caminos, Puentes y Canales
Estatua en Madrid en homenaje a Agustín de Betancourt.- Colegio de Caminos, Puentes y Canales

Este ingeniero de caminos circunscribe esa "terrible curiosidad" al ambiente en que se desenvolvió Betancourt: "Se crio en el Puerto de la Cruz, a donde llegaban todo tipo de comerciantes extranjeros y el lugar por el que entraban libros prohibidos, ideas, modas y costumbres desconocidas". Con ese gran acervo en su interior, Betancourt decidió ir a Madrid con 20 años para intentar labrarse una carrera profesional propia, rehuyendo el mayorazgo de su familia, que recaería en el primogénito.

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