Unos descorcharon champán, otras sintieron en sus carnes el miedo nada nuevo a ser detenidas, otros siguieron su jornada rutinaria sin apenas cambios, incluso algunos lo celebraron, conscientes de la efeméride histórica que estaban viviendo, haciendo el amor con su pareja. Aquel 20 de noviembre de 1975 comenzó a las 05.25 horas, el mismo momento en que terminó oficialmente en el madrileño Hospital La Paz la vida del dictador Francisco Franco, según el relato que defendería un año después el doctor Manuel Hidalgo Huerta en Cómo y por qué operé a Franco (Garsi, 1976).

Ese día se suspendieron las clases en colegios e institutos y la esperanza por el cambio se conjugó con un cierto temor por lo que depararía el futuro más inmediato. Mientras algunos lloraban ante el resquebrajamiento de la dictadura, otros tantos veían con ilusión el más que posible final del régimen. Así se vivió el acontecimiento en la casa de más de una decena de españoles que, en aquel momento, tenían entre 14 y 31 años.
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