La obligación de llevar la baliza V-16 en todos los coches de España ha tenido un arranque accidentado. La principal razón para implementar su uso es intentar reducir el número de muertes de personas atropelladas que bajan del vehículo tras una avería, una cifra que la Dirección General de Tráfico (DGT) sitúa en 25 cada año. “Alguien que haya ido a poner los triángulos sabe el riesgo que hay, sobre todo en vías de alta capacidad”, adelantan desde el organismo dirigido por Pere Navarro.

La idea no es solo reducir los fallecimientos, sino comunicar en tiempo real a la DGT la posición del vehículo a través de la geolocalización para que en los paneles luminosos de la vía se pueda advertir del incidente a los demás conductores. Sin embargo, su implantación ha estado acompañada de algunas críticas. Varias idas y venidas sobre una posible moratoria a su obligatoriedad han terminado con una DGT que asegura que su objetivo no es denunciar, sino que se consolide su uso. Por otro lado, algunos expertos opinan que su implementación podría haberse realizado por fases.
Desde este 1 de enero, la normativa española reconoce únicamente la baliza V-16 conectada como medio para la señalización de vehículos inmovilizados en carretera. “La sustitución de los triángulos está justificada por motivos de seguridad vial, al considerar el riesgo de atropello que supone su colocación al tener que andar, al menos, 100 metros por la calzada sin la garantía de que se mantengan en su sitio una vez colocados”, explica la DGT, organismo dependiente del Ministerio del Interior.
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