Humorista, periodista, abogado, pedagogo, actor, locutor de radio, activista y, desde su asesinato, inspiración para miles de personas que encontraron en él un ejemplo de diálogo y resistencia contra el odio. La muerte de Jaime Garzón en Bogotá, el 13 de agosto de 1999, todavía retumba en un país que ve cómo aquellos que intentaron frenar la investigación de lo sucedido ocupan de nuevo el poder.

Pero la calle, los muros, los estandartes no olvidan que hubo culpables aún impunes: narcoparamilitares que actuaron con la connivencia de agentes del Estado. Yo quiero no morir (Astiberri, 2026) es la voluminosa novela gráfica dibujada por su hermano Alfredo y guionizada por la dramaturga Verónica Ochoa que ahonda en el duelo colectivo de todo un país a partir de la experiencia del propio Alfredo.
Se pone al habla un 10 de agosto, casi 27 años después del día del asesinato de su hermano. Un terremoto de magnitud 7,4 ha agitado hace pocas horas el país, por lo que la comunicación se corta en varias ocasiones. “La vigencia de Jaime sigue siendo impresionante. A lo largo de sus diez años como personaje de medios, se convirtió en una voz muy incómoda para el régimen, especialmente para el estamento militar, aliado con sectores del narcotráfico”, recuerda Alfredo a sus 67 años.
Seguir leyendo AQUÍ
Comparte si te ha gustado: