Pity responde al teléfono en el metro de Estambul. Justo en ese momento, se está desplazando a un hospital privado de la ciudad, a ver a una de las mujeres que le han acompañado en su viaje. Su trabajo consiste en captar personas en España que quieran realizarse una operación quirúrgica, asesorarlas, y llevarlas a Turquía. Allí encontrarán un trato “excelente”, como afirman algunas de las que han vivido la experiencia. También encontrarán un precio muchísimo menor por sus operaciones en comparación con los costes de una clínica española. Ya son cientos de personas, la mayoría mujeres, que cogen un vuelo y permanecen una semana a miles de kilómetros de sus casas para intentar acercarse al cuerpo que siempre desearon.
“Esto es todo seguro, en España también se corren riesgos”, dice Pity, apodo de Juan Fernández. Auxiliar de enfermería granadino, de 31 años, empezó con este negocio del que cobra a comisión cuando bajó numerosos puestos en la bolsa de empleo del servicio público de salud. Antes de cualquier acuerdo, dice, habla con los interesados para ver qué se quieren hacer, “luego ya veremos qué se pueden hacer”, apuntilla.
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