Los proyectos de edificación de centros de datos para dar respuesta a las empresas tecnológicas ante la creciente demanda de inteligencia artificial (IA) se caracterizan por la opacidad que los rodea. Es lo que sucede actualmente en Fuenlabrada, justo en la parcela en la que hace unos años se erigía la fábrica de Coca-Cola, epicentro de la lucha laboral que consiguió doblegar a la empresa ante el cierre de la factoría y un espacio codiciado por su abastecimiento de agua.

Por eso esta finca de 195.000 metros cuadrados es tan golosa. Aunque nadie sabe exactamente cómo la planta tecnológica golpeará al mayor recurso natural que existe, cambios de uso del suelo mediante, varias organizaciones sociales y políticas alertan de las consecuencias de un proyecto que desde el Consistorio fuenlabreño venden como “el mayor campus de centros de datos de Madrid”.
Aurora Gómez Delgado es una de las integrantes de Tu nube seca mi río, un colectivo de resistencia ciudadana contra los centros de datos. Ella conoce la dificultad para seguir la pista de estos enclaves que últimamente brotan como esporas en diversas ciudades de toda España. En este caso, según cuenta, llegaron al proyecto de Fuenlabrada por un soplo de una persona afincada en Georgia (Estados Unidos). “Los centros de datos a hiperescala como este están conectados a zonas rurales y de la periferia porque necesitan mucha agua para funcionar y refrigerar sus sistemas de procesamiento”, dice la activista.
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