El arte convertido en culto, la protesta a través de él como sacrilegio. Algunos para alertar sobre los desastres de la guerra, otras para reivindicar el voto femenino, otros tantos para reclamar acciones contra el calentamiento global o el genocidio. Todos eligieron el museo como foco central de la profanación del arte como vehículo para expandir sus demandas. Contra el patrimonio. La protesta en el arte como bien cultural (Barlín Libros, 2026) es el ensayo escrito por Manu Martín, investigador en historia social del arte, memoria y patrimonio, en el que repasa toda una genealogía de protesta y reflexiona sobre el papel de los medios de comunicación, el público y el turismo.
Este joven experto nacido en 1998 se decanta por hablar de profanación y no de vandalismo sobre las numerosísimas obras de arte que a lo largo de la historia se han visto involucradas en alguna demanda social. “Y lo hago así porque al abordar los daños reales a su materialidad descubrimos que no existen, y de hacerlo son mínimos y reversibles”, apunta en conversación telefónica con elDiario.es desde Roma, ciudad en la que lleva afincado desde 2020.
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