Los paros indefinidos en la educación pública de la Comunidad de Madrid llegan a su segunda semana sin que la consejera de Educación, Ciencia y Universidades, Mercedes Zarzalejo, se haya sentado a negociar con el comité. Mientras tanto, las protestas, manifestaciones y concentraciones se suceden en la capital y los municipios de la región. En algunas, a pesar de su carácter eminentemente pacífico, ha habido cargas policiales y detenciones.

Que las clases no funcionan con normalidad es algo que no pasa desapercibido a las miles de familias afectadas por la protesta. «Molesta, pero así tiene que ser. La lucha de los profesores es también la lucha por mejorar las condiciones en que se educan nuestros hijos», comenta Vanesa Seguro.
Seguro forma parte de la asociación de madres y padres de alumnado (AMPA) del instituto Las Lagunas, en Rivas Vaciamadrid. Sus hijos están en 4º de Primaria y 4º de la ESO. «Con los servicios mínimos, el pequeño está casi todo el tiempo jugando en el patio. El mayor tiene derecho a huelga, así que se mezclan los días en que sus profesores faltan, otros en que él no va, y otros en los que hay tan pocos chavales en la clase que tampoco se avanza en el temario», ilustra esta mujer de 48 años, técnica de educación en infancia y juventud.
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