Hay muchas definiciones de estigma. Se podrían buscar todas ellas en el diccionario de la RAE, aunque ninguna recoge el verdadero, doloroso y personalísimo significado que golpea a todos aquellos estigmatizados. Zaida Alonso, Javier Zarapico, Fernando Mercè y Júlia Solé parten de sus diagnósticos médicos, si es que existen, para desnudarse en el escenario. Sus palabras retumban acompasadas de la música estridente que emana de los dedos de Jesús Irimia, se revuelven sobre la sala y dejan el justo y necesario aire y espacio para que de ellas brote la gran duda: ¿qué es ser normal?

El hambre imposible es el nombre de esta dramaturgia dirigida por la misma Alonso, autora del trabajo de fin de grado del que parte la obra. El concepto sobre el que eligió trabajar en el segundo curso de la carrera de dirección de escena fue el estigma: “Siempre había pensado crear algo así como paciente oncológica, pero nunca había tenido el valor suficiente”, confiesa. La función, que volverá en septiembre al Teatro del Barrio en Madrid, se vehicula en torno a una primera persona que se convierte para la mayoría de sus intérpretes en sinónimo de una gran salida del armario ante el público, conocidos y seres queridos.
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