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Un disco sin pagar y un sótano para la historia: La Mandrágora tendrá su placa de homenaje

No solo fueron Joaquín Sabina, Javier Krahe y Alberto PérezPor La Mandrágora desfilaron algunas de las mayores figuras que pronto adquirirían una relevancia inusitada en el panorama cultural español, ávido de nuevas experiencias en aquel 1978 de un país que había vivido enclaustrado en el franquismo durante cuatro décadas. Casi 45 años después de su cierre, el Ayuntamiento de la capital ha aprobado instalar una placa en su homenaje justo en el espacio que ocupó, el número 42 de la Cava Baja. Ha sido una de las pocas propuestas, en este caso auspiciada por el PSOE, que ha granjeado el voto positivo de todos los partidos políticos.

En la imagen, de izquierda a derecha Antonio Fraguas, Forges, Enrique Cavestany, Enrius, Rosa Montero. La Mandrágora 1980.- Cedida por Enrique Cavestany
En la imagen, de izquierda a derecha Antonio Fraguas, Forges, Enrique Cavestany, Enrius, Rosa Montero. La Mandrágora 1980.- Cedida por Enrique Cavestany

Enrique Cavestany fue uno de los fundadores de La Mandrágora. Tiene 83 años y una voz repleta de recuerdos alambicados por el paso del tiempo. “En Madrid pasaban muchísimas cosas. Resulta que había muerto un dictador y la vida cotidiana de la gente empezaba a cambiar”, introduce el también escritor, periodista, ilustrador y escenógrafo. Aunque nadie se atrevía a decir con total seguridad hacia dónde se dirigía España en aquellos años de la Transición, la diversión y cierto desenfreno empezaban a brotar por las calles de la vieja villa y corte.

No era suficiente. Junto a Manuel Paniagua, Ángel Fernández y Ricardo Sanz, Cavestany veía que el aburrimiento impregnaba sus noches. “Decidimos buscar un lugar para ofrecer una alternativa de ocio. La misma mañana que comencé la búsqueda de un local, ya alquilé el de la Cava Baja”, recuerda. Las obras de acondicionamiento de esta mítica bodega en el barrio de La Latina terminaron en noviembre de 1977. Meses después, todo lo que hicieron fue sentarse en la entrada para ver qué gente se atrevía a traspasar la puerta.

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