Paola Delfín lleva década y media llevando su arte a cuestas por los cinco continentes del planeta. A través de sus murales, alguno de más de 1.000 metros cuadrados, inmortaliza la cultura del lugar, sus gentes y tradiciones, su pasado y porvenir, la comunidad que les da vida.
Esta mexicana de 37 años, en estos momentos asentada en Beirut (Líbano), es consciente del bagaje muralista que le precede, aunque se decanta por un estilo personalísimo y repleto de grises. “No utilizo solo el arte para pintar, sino para explorar el significado de pertenencia”, adelanta antes de comenzar este relato internacional que comienza, precisamente, en España.

Estos últimos cuatro años de su carrera, admite Delfín, han sido en los que más tiempo ha dedicado a imbuirse en los lugares que después retrataría a través de sus líneas en fachadas de edificios o paredes. De España dio el salto a Latinoamérica, de ahí pasó a Estados Unidos y más tarde llegó a Asia, desde donde comenzó a expandirse a otros horizontes, tal y como ella misma relata. Entre los más de 20 países en los que puede disfrutarse su obra están algunos tan dispares entre sí como Italia, Rumanía, Inglaterra, Turquía, Brasil, Colombia, El Salvador, China, Taiwán, India, Ucrania, Siria, Líbano y Benín.
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