Ha escrito de todo: desde novela hasta poesía, pasando por cuentos infantiles y biografías. Tiene 89 años, su segundo apellido es Amor y fue Premio Cervantes en 2013. Se crió hasta los diez años en la Francia más ocupada, país que dejó atrás para empezar una vida nueva junto a sus padres en México, ese trocito de mundo que la ha acogido desde entonces y en el que, a veces, aún siguen apareciendo rayos en el cielo cuando escribe. Es Elena Poniatowska y todo lo que la rodea: su hablar calmado, su emoción contenida, sus aspavientos controlados, su naturalidad humilde.
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Elena Poniatowska en la presentación de su
último libro. — Eduardo Parra. / EUROPA PRESS
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Su voz se mantiene suave, con unas variaciones apenas perceptibles, y dice: "Yo aprendí el español mexicano en la calle, de las personas que trabajaban en las casas, de las cocineras. Yo hablaba su español, un español que también venía del campo". Ataviada con un jersey morado cubierto por un chaleco desabrochado algo más grueso, Poniatowska mira a la cámara que la filma para hablar sobre la situación de los refugiados. "Lo más doloroso es la gente que está encima de una balsa en el mar y ningún país le abre los brazos. No hay ninguna playa que les esté esperando. Niños, mujeres, ancianos. Esta es una de las realidades más atroces y condenatorias de nuestra época, el egoísmo que inunda los países de Europa".
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