Se las puede ver en la Casa de Campo, en el trazado urbano del Manzanares e, incluso, en el estanque de El Retiro. Asociadas de manera habitual a las zonas costeras, la presencia de gaviotas en la capital durante el invierno es un fenómeno que comenzó en los años 70 del siglo pasado. Los expertos indican que a día de hoy pueden ser unos 150.000 los ejemplares, la mayoría de las especies sombría y reidora, que eligen Madrid para sobrevivir al invierno gélido de sus lugares de procedencia, como el norte de Europa.

Es normal verlas bajar todos los días desde los embalses del centro y norte, donde duermen, a la ciudad en grandes bandos con forma de uve. No son peligrosas para la biodiversidad de la ciudad, ni tampoco para el ser humano. Simplemente, son animales muy oportunistas. Santiago Delgado, técnico de seguimiento de especies en SEO/BirdLife, apunta que las gaviotas suelen adentrarse en el interior durante estos meses fríos para alimentarse y descansar. "Eligen Madrid, pero esto no siempre ha sido así. Hace unas cinco décadas que comenzaron a llegar, según nuestra monitorización, porque se han juntado una serie de condiciones determinadas", añade.
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