Se dice que su aceite llegó a iluminar las calles de Londres, pero mucho antes los íberos ya lo utilizaban. El Bajo Aragón, tan rico tiempo atrás por la producción de este oro líquido, es ahora, tristemente, un buen ejemplo de la España vaciada. Aquí, donde quedó desterrada la holgazanería, necesitan una nueva vida ante la disminución y envejecimiento poblacional. Y eso es lo que quiere conseguir Apadrina un Olivo, la iniciativa que reúne a 7.000 personas de 27 países diferentes que con sus aportaciones crean trabajo estable y revitalizan la comarca.
En ese momento, la variedad empeltre de aceituna se empezó a extender por todo el territorio. “Había unos beneplácitos por mantener el olivo, unas medidas de gracia, así que muchos vecinos de estos pueblos se decantaron por ellos”, añade Vidal. ¿Y por qué erradicar el ocio de estos lugares? Responde el agricultor: “En los pueblos, se vivía bastante bien porque el cometido era tener alimento. El de la ciudad, este caso Zaragoza, era tener dinero para poder comprarlo. Por eso en los pueblos no se trabajaba demasiado, porque no les hacía falta el dinero para vivir, solo comida, y ya la tenían”.
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