Lo avisaron hace apenas unos días. El desahucio de Maricarmen el pasado miércoles sería un punto de inflexión, un punto de no retorno. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid consiguió que las calles del centro de la capital rugieran de rabia contra la especulación inmobiliaria, los fondos buitre y el rentismo. La manifestación terminó con medio centenar de tiendas de campaña plantadas en la Puerta del Sol en una imagen que ha recordado los primeros momentos del 15-M. Alrededor de ellas se reunieron cientos de personas para apoyar y dar alas a un movimiento que, aseguran, no parará hasta conseguir sus objetivos.

En la tarde del sábado, el sindicato logró reunir a más de 300.000 personas, según sus datos (25.000 según la Delegación de Gobierno), en un recorrido que ya señalaba a los responsables de la crisis inmobiliaria: llevaron sus gritos de la Puerta del Sol, sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de la capital, para terminar lo más cerca posible del Congreso de los Diputados, defendido por un férreo despliegue policial.
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