Hace buen tiempo, has quedado con tus amigos y vais a jugar al pádel. Al llegar a la pista, un pájaro muerto os da la bienvenida. Esta escena, por rara que parezca, es mucho más habitual de lo que se pudiera pensar, sobre todo en España, que acumula una de cada tres pistas de pádel del mundo. Los datos apuntan que cada año unas cien aves mueren por colisionar con cada una de estas infraestructuras deportivas. Los animales o no ven los cristales o ven su reflejo, por lo que no intuyen que ahí hay una barrera que limitará por siempre su vuelo. Remediar el problema es muy sencillo. Tan solo hace falta colocar una red, cuyo coste no alcanza los 1.000 euros, que indique a los pájaros que hay un obstáculo.

Carlos Cuéllar, técnico del proyecto de Biodiversidad Urbana de la organización medioambiental Grefa, señala que hace “algunos años” comenzaron a notar un “incremento repentino” de impactos de aves en las pistas de pádel. “Nos sorprendió porque pueblos con una densidad muy baja, de incluso 20 habitantes, ya cuentan con este tipo de instalaciones en la que mueren muchas aves”, comenta.
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