Solidaridad, esperanza, futuro, cohesión y acogida, pero también rechazo, dudas, miedo y expulsión. Todas ellas son palabras relacionadas con las consecuencias del fenómeno migratorio. Que la sociedad decida quedarse con las primeras y no con las últimas pasa por consensuar medidas ambiciosas que intenten frenar la ola reaccionaria que asola Europa, porque otro sistema migratorio es posible. Así lo defiende Gonzalo Fanjul, investigador y activista en el campo de la pobreza y la desigualdad, en Contra las fronteras. Cómo reemplazar un régimen migratorio fallido (Anagrama, 2026).
En este pequeño ensayo de apenas 120 páginas, el cofundador y director de investigaciones de la Fundación PorCausa apuesta por fortalecer los derechos humanos como la única forma de “no cruzar una línea de la que será muy difícil retornar”.

A ojos de este especialista, la solución debería tener en cuenta tres aspectos principales. Por un lado, la necesidad de no renunciar al terreno ya ganado en materia de derechos humanos y reglas internacionales; por otro, tener en cuenta a los trabajadores desplazados y sus intereses; y, además, optimizar el equilibrio de riesgos y oportunidades que estos procesos generan en las partes involucradas. “El peligro es que el desprecio cada vez más impúdico de nuestras democracias por las reglas internacionales se produce en el contexto de un crecimiento sin precedentes de las necesidades de protección”, escribe Fanjul en este panfleto al más estilo anglosajón, tal y como lo tilda.
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