El regalo de un oso al Rey; la prohibición de mirar las obras; desmentir las propiedades milagrosas de una fuente; decir adiós a los extranjerismos y al cine Capitol para decir hola al Capitolio. Nadie dijo que gobernar una ciudad fuera fácil, y mucho menos Madrid. Tierra de tradiciones y pillaje, jolgorio y picardía, los dictados de los alcaldes siempre intentaron preservar el decoro que se le presupone a una capital. Los bandos, el gran baluarte de los corregidores para ordenar la vida social en las calles que gobiernan, no han dejado de sucederse a lo largo de la historia de la villa y corte.

El madrileño y madrileñista Ángel del Río López, fallecido en 2022, publica a título póstumo Se hace saber… Bandos y órdenes curiosas y polémicas de los alcaldes de Madrid (La Librería, 2026). El periodista, escritor y cronista oficial de Madrid dedica casi 400 páginas a este particular viaje por el que desfilan los dictados más llamativos a partir de 1346, año en que Alfonso XI impulsó lo más parecido al actual municipalismo al eliminar el antiguo Concejo de Juez Real.
Mariano García, director del Archivo de la Villa, explica que "el origen de los bandos se encuentra en los autos dictados por los alcaldes y los corregidores, ya a finales de la Edad Media, difundidos mediante pregón y que trataban temas concretos", como el orden público, los abastos o las fiestas.
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