Un lamento, un lloro, un canto en sollozo, la garganta que tiembla ante la injusticia. En ocasiones, las palabras no son suficientes para describir lo que transmite una imagen. Eso es lo que expresaban los ojos de las decenas de personas que la tarde del viernes 16 de octubre merodeaban por la entrada del Centro Federico García Lorca de Granada. Mientras el cielo empezaba a dejar caer sus primeras lágrimas, un coro formado por personas en riesgo de exclusión social de una decena de nacionalidades levantó la voz para entonarse a sí mismo sus penas y hacer universal un sentir de dolor. «Yo no soy de aquí ni de tierra ajena / vine como nube tras la luna llena», han cantado.

La actividad se ha sucedido en tres pases dentro de la programación del Réquiem por Lorca, un duelo colectivo dedicado al poeta y dirigido por Pepe Olona y Maral Kekejian. El certamen se desarrolló la semana pasada en la ciudad granadina, 90 años después de su asesinato a manos de los sublevados el 18 de agosto de 1936. Articulado en torno al caligrama lorquiano «La rosa de la muerte», este homenaje se estructura en cuatro actos. El «Coro de Lamentaciones» ha tenido lugar en el segundo de ellos.
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