Sus piernas soportan el peso de tres exilios; en sus manos queda la memoria esculpida a base de honradez; sus ojos han visto la cárcel, la huida, el compañerismo y el retorno; y su cabeza es testigo de todo un siglo de lucha, represión y buen hacer. El pasado 11 de febrero, Nicolás Sánchez-Albornoz y Aboín cumplió 100 años. Los homenajes oficiales y oficiosos se sucedieron y el cansancio llegó a él, al igual que la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X El Sabio. Así lo cuenta a elDiario.es una mañana de marzo, cuando el sol comienza a calentar las calles, por teléfono. Su voz tintinea como lo hacen aquellas golpeadas por el tiempo. Sin embargo, la firmeza de su expresión no deja lugar a dudas: la historia sigue viva en sus palabras. “Yo contesto lo que pueda, usted pregunte”, invita a explorar.

Su apellido procede del liberal republicano Claudio Sánchez-Albornoz, también historiador, que ejerció como presidente del Gobierno de la República en el exilio desde 1962 hasta 1970. Décadas antes, Nicolás ya había vivido junto a él su primer exilio tras el estallido de la Guerra Civil, en 1936. Sus pies, en crecimiento todavía, pisaron las calles de Lisboa y Burdeos. En 1940, volvió a España junto a sus hermanas ante el avance del nazismo en el país galo. Siete años después, ya militaba en la Federación Universitaria Escolar (FUE).
El 23 de marzo de 1947 es una de las primeras fechas clavadas en la retina de Nicolás. “Hacíamos la pintada de madrugada y hasta las 6 o 7 horas del amanecer no se veía”, cuenta. Se refiere al nitrato de plata que utilizaron para escribir “¡Viva la universidad libre!” en la fachada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, que solo se activaba con los primeros rayos de sol. “Llegué a la Facultad como si nada y me encontré con el revuelo. Pero yo, a silbar, a hacerme el loco”, rememora el que también llegaría a ser docente universitario y que, una y otra vez, asegura que poco más de lo que ya escribió en Cárceles y exilios (Anagrama, 2012) puede añadir. Casi proféticamente, en ellas dejó por escrito reflexiones como que “la memoria no se circunscribe al pasado, sino que es garante del futuro”.
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