Martín Arnal acaba de cumplir 98 años. Si anda rápido, se cansa fácilmente, así que espera la llamada a primera hora de la mañana junto a su teléfono fijo en la casa que él mismo se construyó en su pueblo natal de Huesca después de retornar de un exilio de más de 35 años en Francia. Es de los pocos anarquistas con vida que fue movilizado para luchar en la Guerra Civil, de la que huyó en 1939 hacia Francia para luego retornar a su lugar de origen, una vez que Franco ya había muerto.
“La mayor parte de los anarquistas exiliados pasaron a Francia debido a la porosidad de los Pirineos, ya que muchos se conocían bien la zona por haber luchado en ella”, declara el encargado de la muestra. Algo similar le ocurrió a Arnal cuando a los 17 años, en 1938, se vio obligado a marcharse al país galo por primera vez debido a que las tropas franquistas iban a conquistar la zona en la que vivía. “En ese, mi primer exilio, caí enfermo, pero en cuanto me recuperé volví a pasar la frontera para entrar en Catalunya, aunque ahí no me llegaron a movilizar porque éramos la quinta del chupete, aún más joven que la quinta del biberón”, comenta el aragonés.
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