Detrás de un nombre tan común como Susana Muñoz se esconde una historia hasta ahora desconocida. Esta salmantina llegó a liderar en el siglo XVII la mayor imprenta del momento, de la que salieron obras que nos permiten rastrear la obra de numerosos compositores de música sacra, a pesar de que no sabía ni leer ni escribir cuando se hizo con las riendas del negocio. Se casó tres veces, todas ellas con maestros impresores, y enviudó en dos ocasiones.
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Susana Muñoz, durante siglos, se ha escondido en la fórmula "viuda de", con la que solía firmar sus producciones bibliográficas. Ahora, una investigación de Michael Noone permite afirmar que Muñoz consiguió el monopolio de la impresión de libros de música sacra de su época.
Noone es un musicólogo del Boston College y una de las mayores autoridades en polifonía hispánica: "Gracias al trabajo de Muñoz conservamos obras monumentales impresas de compositores tan importantes como Sebastián de Vivanco y Juan Esquivel de Barahona". El también catedrático en Historia de la Música ha buceado en los últimos años en decenas de archivos y diversas ciudades alrededor del mundo para armar la investigación más completa y rigurosa que existe sobre la impresora de Salamanca.
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