Cada vez son más y en más lugares quienes caminan bajo un paraguas en plena ola de calor. La típica imagen de turistas orientales paseando por el sur de Europa con parasoles para protegerse de los rayos del sol ha comenzado a extenderse entre la población tanto foránea como local. El fenómeno, por el momento, cala mucho más entre las mujeres que entre los hombres y, sobre todo, entre aquellas personas de mediana edad. Los expertos indican que es algo que irá a más y los usuarios defienden con fervor el uso del paraguas como resguardo del sol. “Cuando paseo siempre busco la sombra y ahora la sombra viene conmigo”, dice Leticia Sanz.

Ella tiene 41 años y vive en Madrid. Comenzó a utilizar el paraguas hace unos dos años, en su segundo viaje a Japón, cuando vio que allí era algo normal. “A mí me da igual que me miren por la calle. Estamos en una ciudad tan grande que ves cosas mucho más raras que una persona llevando un parasol”, comenta. Leticia ha decidido apostar por una sombrilla preparada para esta función. Es un paraguas plegable normal, que también le protege del agua, de color crema por fuera y negro por dentro, donde tiene una especie de tela que bloquea aún más los rayos del sol.
Hace unos días, este era el tema de conversación en su trabajo. “Había gente que decía que le daba vergüenza”, apunta Sanz. Sin embargo, ella hace una lectura de clase: “Yo no tengo coche ni voy de la puerta de mi casa al trabajo con aire acondicionado. Yo utilizo el transporte público y también tengo que andar después. Quizá a la gente que no va andando a los sitios, sino en coche o taxi, esto le parecerá de gente lunática”.
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