Si uno se para a pensarlo, el ser humano se ríe casi de todo. Nos reímos de lo grotesco, de lo superficial, de la mala suerte y las desgracias, también de lo divertido y la sátira, de las críticas y la parodia, hasta de aquella risa artificial convertida en mueca. Nos reímos desde la maldad y la bondad, incluso para esconder la tristeza. Y el arte, como espejo a veces fiel y otras distorsionado de la realidad, no iba a ser menos. Así lo ha estudiado Carlos Reyero, antiguo catedrático de Historia del Arte, en el recién publicado Las risas del arte (Cátedra, 2026). El experto analiza en su ensayo más de 150 obras pictóricas que son interpretadas de manera “risible”. Junto a él, elDiario.es pasea por el Museo del Prado para desentrañar qué se esconde detrás de diez de estas pinturas.

Ante la mirada petrificada de la estatua de Francisco de Goya a las puertas del museo, Reyero afirma que encontrar personajes o escenas que nos pueden hacer reír en obras pictóricas es algo habitual. “Sobre todo desde el momento en que el arte se convirtió en un espectáculo de masas a partir de las exposiciones en el siglo XIX. Empezó a formar parte del ocio, y el ocio está muy ligado a la diversión”, apunta en una tarde lluviosa de febrero. Incluso cuadros concebidos desde una perspectiva seria fueron reinterpretados desde el sentido humorístico por el gran público.
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