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Alberto Gayo, último adjunto a la dirección de 'Interviú': "La portada de Marisol en ‘Interviú’ fue un soplo en favor de la libertad"

Llegó a los quioscos en 2.177 ocasiones. Fueron 500 meses en total desde aquel mayo de 1976 hasta su cierre en febrero de 2018 en los que ‘Interviú’ se convirtió en faro y guía del periodismo de denuncia que se abría paso en una tortuosa Transición. Hace ahora medio siglo, las mujeres semidesnudas en la portada marcaron un antes y un después en el semanario, una realidad que dejó de tener sentido en los últimos tiempos. Alberto Gayo estuvo más de 20 años en la redacción: colaborador desde 1996, luego en plantilla como reportero, experto en drogas y ultraderecha, se convirtió en jefe de sección y, los últimos años, adjunto a la dirección. En esta conversación con el autor de ‘Interviú es el demonio’ (Editorial La Felguera, 2026), el periodista desgrana los entresijos de una publicación mítica de la que hubo un momento en que todo el mundo hablaba.

Alberto Gayo, autor de  ‘Interviú es el demonio’ (Editorial La Felguera, 2026)
Alberto Gayo, autor de  ‘Interviú es el demonio’ (Editorial La Felguera, 2026)

Interviú nació el 22 de mayo de 1976, apenas 184 días tras la muerte de Franco. ¿Cómo de arriesgado fue decidir publicar una revista con una mujer desnuda en la portada?

Tiene pinta de que no lo pensaron mucho. En el libro, uno de los creadores de Interviú que todavía está vivo, José Ilario, creador también de El Jueves, cuenta el encuentro en la costa almeriense que dio lugar a la publicación. Al principio pensaron montar una revista para competir con el semanario Hola, que incluyese personajes de la crónica social pero más vinculados a la democracia y menos al franquismo. Iba a ser complicado competir con una publicación que había nacido en 1944, así que decidieron arriesgar: poner en el quiosco una revista con crónica negra, escándalos de corrupción, denuncia de las cloacas del momento, entrevistas a personajes muy populares pero más vinculados a las clases medias, y colocar a una chica semidesnuda en portada. Al principio, esas «guapas de portada» no tenían nombre, ni los fotógrafos firmaban las fotos. Los editores tenían miedo a la censura, a los secuestros judiciales. Todavía no había libertad de expresión reconocida ni Constitución.

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