Please ensure Javascript is enabled for purposes of website accessibility
Logo V2 Blanco
Buscar

El Patronato de Protección a la Mujer: la complicidad entre el Estado y las congregaciones religiosas para redimir a las jóvenes ‘descarriadas’

Aquella mañana despertó en Barcelona, como siempre, aunque esta vez acompañada de su madre y un médico del Opus Dei. Le dijeron que tenían que ponerle una vacuna contra la gripe. Al día siguiente, Consuelo García del Cid Guerra amaneció en Madrid, recluida. Solo tenía 16 años. Todavía no sabía que estaba en el reformatorio de las Adoratrices de Madrid. Ella es una de las decenas de miles de mujeres jóvenes que pasaron por el Patronato de Protección a la Mujer, activo desde el año 1941 hasta 1985. La institución franquista sobrevivió más de cuatro décadas gracias al apoyo y el trabajo denodado de las congregaciones religiosas. Solo perseguían una meta: corregir a la descarriada, a la mala, a la viciosa.

Expediente del año 1965 de una joven "enviada por su casa" a una casa de observación del Patronato de Protección a la Mujer, en Sevilla.- Cedida
Expediente del año 1965 de una joven "enviada por su casa" a una casa de observación del Patronato de Protección a la Mujer, en Sevilla.- Cedida

La falta de documentación sobre esta institución franquista es algo a lo que se ha enfrentado la historiadora Carmen Guillén, que ahora publica Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer (Crítica, 2026). La monografía es un completo ensayo en el que se condensan los pocos datos que se conocen al respecto, testimonios de víctimas y una profusa investigación sobre su historia. “El objetivo era redimir a la mujer caída y ayudar a la que está en peligro de caer, lo que con el paso del tiempo se materializa en una cárcel exclusiva para mujeres”, sintetiza.

La también profesora de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete, en la Universidad de Castilla–La Mancha (UCLM), recalca que eran mujeres de entre 16 y 25 años las que solían terminar recluidas, casi secuestradas, en el Patronato, donde también hubo robo de bebés y trabajo forzado. Sus estancias se alargaban de los seis meses a los dos años, y la institución tenía una arquitectura personal muy sólida, afirma Guillén. De la Junta Nacional de Madrid salían las 52 juntas provinciales, de las que emanaban las juntas locales.

Seguir leyendo AQUÍ

Comparte si te ha gustado: