A la rabia, impotencia y sentimiento de injusticia que se suelen atisbar en las lágrimas de José Luis Velasco se le ha sumado un mínimo de alegría. Esta semana, él y tantos otros españoles se han convertido de nuevo en el foco de una noticia que nunca debió existir. Víctima de abusos sexuales por parte del párroco de su barrio cuando era menor, no ha sido hasta la firma este jueves del acuerdo entre la Conferencia Episcopal Española (CEE) y el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes que este abogado de profesión ha sentido por primera vez una mínima reparación al daño sufrido.
Todo comenzó cuando tenía unos 15 años. Cursaba 4º de la ESO y se empezó a involucrar en temas de la parroquia San José Obrero, en Móstoles (Madrid). Por ejemplo, era el encargado de organizar los autobuses y los asistentes a las peregrinaciones que realizaban. “Este tío aprovechaba que yo lideraba aquello para decirme que le tenía que ayudar y me hacía ir con él”, introduce refiriéndose al sacerdote en cuestión, Alberto Arrastia Cebrián, fallecido en 2021.
Le obligaba a confesarse, y en ese momento tenían lugar los abusos en los que Velasco prefiere no profundizar. Se repitieron desde el año 2001, con 16 años, hasta el primer trimestre de 2004, cuando acababa de cumplir los 19, en lugares como la sacristía o la capilla, delante del Santísimo. “Poco después de tener la mayoría de edad pude salir de ahí”, comenta. Aquella figura en un primer momento leída como referente en su vida le truncó los años venideros. Lo mismo le sucedió a otra víctima de Arrastia que junto a Velasco han sido recibidos este viernes por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, en el Palacio de la Moncloa.
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