Los once ojos del puente de Soto del Real leen un poema, esos versos cobijan el pasado de la zona y lo pretérito alberga la memoria del lugar. La conexión por tren Madrid-Burgos, línea ahora en desuso, fue levantada gracias a los presos políticos y comunes del franquismo que accedían al pretendido benevolente programa de redención de penas por el trabajo. Una explanada llena de matojos medio secos y cercada por una valla de fácil superación se abre ante el imponente puente. A unos metros del alambre empiezan las ruinas del destacamento penal por el que pasaron más de 2.000 personas. En una pared, el poema que Alberto Pascual veía cuando juagaba ahí con sus amigos en los años 70: "Estos muros hoy ruinosos / rodeados de misterio / no son de un castillo famoso / ni tampoco de un monasterio (…)".
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| José Carlos González enseña los restos de las chabolas de los familiares mirando hacia el destacamento penal de Bustarviejo / Nerea Villuendas |
Este productor audiovisual está realizando un documental titulado Estos muros en el que aborda el programa de redención de penas por el trabajo del franquismo gracias a un crowfunding. Todo surgió hace un tiempo, cuando se acordó del poema pintado en la pared de las ruinas madrileñas de Soto del Real: "Volvimos algunos amigos que jugábamos por aquí de pequeños y lo reescribimos". A escasos dos metros de su ubicación original, los versos recuerdan lo que en ese patio ocurrió; los mismos versos que alguien, en los años 60, se encargó de pintar tras aplanar la pared con una pátina de yeso.
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