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El desierto de la libertad tras salir de prisión con un trastorno: “Hay gente que no sabe dónde dormirá esa noche”

Toni Chavero acaba de salir en libertad tras pasar 18 años en la cárcel. Se ve desnortado, envuelto por una realidad para la que no le prepararon, y arrastra una inestabilidad mental que aplaca, como puede, junto a sus padres. No siempre se tiene tanta suerte de tener un lugar al que ir una vez excarcelado. En esos casos, la burocracia que se impone en las organizaciones del tercer sector ralentiza unos procesos que no pueden esperar. Una vez fuera de prisión, el cuidado de esa persona no es competencia de Instituciones Penitenciarias.

Centro Penitenciario de Brians I, en Barcelona.- Wikimedia
Centro Penitenciario de Brians I, en Barcelona.- Wikimedia

Ahí aparecen esas otras entidades, paradójicamente las que gozan de menos subvenciones, para conseguir un espacio en el que el excarcelado pueda pasar sus primeros días, lo que puede llegar a crear algún conflicto si la persona presenta un deterioro cognitivo severo o algún problema de salud mental.

Ana Gordaliza, educadora social en la prisión de Valdemoro (Madrid), considera que “a veces la institución penitenciaria es el último depósito de todas las problemáticas sociales”. Dada su experiencia, sostiene que las cárceles llegan a albergar a “personas con trastornos mentales graves, incluso autistas”. Y el problema llega con la excarcelación definitiva: “Ahí vemos el cometido de la institución. Más allá de hacer cumplir la finalidad retributiva de la pena, también debe preparar para la reinserción y la gente lo que se encuentra a la salida es un desierto”, comenta esta profesional.

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